| Sumario de Verdetierra |
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SOBRE LA "DEMOCRACIA REPRESENTATIVA" (PARTITOCRACIA) ¿Qué cabe hacer para romper ese círculo vicioso, perverso, impenetrable, la tiranía de los "oligarcas" de los partidos? Carlos Caldito, miembro de Los
Verdes de Extremadura Recientemente ha habido elecciones municipales en toda España y autonómicas en algunas regiones, como en el caso de Extremadura; en unos y otros comicios se ha repetido la misma dinámica, la misma manera de hacer que se viene repitiendo desde hace veinticinco años. Sí, dentro de poco habrán transcurrido veinticinco años desde que se aprobó la Constitución Española en diciembre de1978. Entonces, los políticos franquistas y las oligarquías de determinados partidos (hasta ese momento "ilegales") pactaron, mediante lo que entonces denominaron "el consenso", el régimen político que actualmente "disfrutamos", en el que ni hay democracia representativa ni nada que se le parezca. Lo único de lo que se puede hablar es de una "puesta en escena", de un ritual con apariencia de democracia, pero totalmente carente de contenido. Hay que partir de que vivimos en un país en el que no existe, ni remotamente, división de poderes: es el gobierno de turno (pocos turnos son posibles con la actual legislación) el que controla al poder legislativo, y no al revés como ocurre en las llamadas democracias parlamentarias; es el ejecutivo el que nombra y controla al poder judicial; y por supuesto no se puede hablar de "cuarto poder", pues también los medios de comunicación están especialmente sujetos a la voluntad del poder ejecutivo... No, no existe democracia representativa. Los procesos electorales, tal como están diseñados, no permiten ni por asomo la igualdad de oportunidades, como tampoco se puede hablar de elecciones libres (cuando se habla de libertad, se habla de poder tomar decisiones, de poder optar). En la práctica, ni existe la posibilidad de ser elegido (ser candidato en igualdad de condiciones y oportunidades que los demás) ni tampoco la de elegir a quien uno desee, por considerar que es el candidato más idóneo para que nos represente. Son las oligarquías de los partidos las que deciden quien sí y quien no va en las listas electorales; que además son cerradas. Es decir que desde hace veinticinco años son siempre los mismos los que manejan el proceso de decidir sobre los integrantes de cada lista. Y además, de paso se aseguran "lealtades", sumisión, servidumbres voluntarias (aquello de "quien se mueva no sale en la foto"), y la denominada "disciplina de partido" (aunque a veces haya alguien que les salga "rana" como en Madrid), o sea, la sujeción a las consignas y directrices que deciden los que dirigen cada partido político. No hace falta mucha imaginación para sacar como conclusión que es el "criterio de docilidad-fidelidad" el que determina que se repita o no en los siguientes comicios, y no la eficacia en el desempeño del cargo o el respaldo de los electores. Aparte de lo anterior, que tiene especial importancia, está el hecho de que quienes ya participan de una u otra forma del poder, reciben ingentes cantidades de dinero (de los presupuestos del estado) y subvenciones en múltiples formas, que les posibilita hacer un despliegue propagandístico-publicitario con el que, de ningún modo, otras agrupaciones políticas pueden rivalizar. Por otro lado está, también, el acceso a los medios de comunicación (que unos y otros controlan) que está casi totalmente vedado a opciones que no participen ya, que no sean parte, del sistema. Tampoco podemos olvidar los "préstamos bancarios" que los principales partidos reciben una y otra vez, cada ocasión que hay elecciones, y que generalmente les son perdonados... Mención aparte merecen las financiaciones fraudulentas de las que casi todos ellos participan (no olvidemos el tupido velo que se corrió no hace muchos meses acerca de los "cursos de formación ocupacional" y cosas semejantes que fueron denunciados por el Tribunal de Cuentas; fue "llamativo" el consenso general que hubo tanto en el Congreso como en el Senado), y tampoco se pueden obviar las diversas formas de corrupción que subyacen en muchas instituciones (aquello del "sindicato del ladrillo", pongamos por caso). Aparte de lo anterior, hay un factor especialmente determinante: no existe proporcionalidad directa, no hay relación entre el número de votos conseguidos y el número de cargos electos que cada candidatura obtiene. En la normativa electoral está calculado todo de tal forma que siempre salen favorecidos los llamados partidos mayoritarios, apenas existen resquicios para conseguir representación en las diversas instituciones. Y ANTE ESTE PANORAMA, ¿QUÉ CABE HACER? En principio, aunque sea una tentación legítima y comprensible, no creemos que la solución sea abstenerse de actuar y esperar en casa hasta que el "sistema" cambie. No, porque el sistema no va a poner los medios para que la situación cambie, no va a propiciar ninguna forma de democracia participativa; muy al contrario, va a seguir en la actual dirección de mayor autoritarismo, de recorte de las pocas libertades civiles existentes, de seguir alejando más y más a la gente corriente de las tomas de decisión respecto de asuntos que le conciernen de forma muy directa. No, el actual "statu quo" no va propiciar su propia defunción, no va a dar ningún paso hacia su propio suicidio. Es más, va a tratar de integrar, asimilar, cualquier tentativa de progreso, cualquier acción que vaya por otros derroteros, ya sea "dulcificándola", o caricaturizándola, emprendiendo acciones para tergiversarla, en fin todo lo que se le ocurra a quienes forman parte del aparato del Estado de una u otra manera. Incluso intentarán "criminalizarla" si creyeran que eso es lo mejor para sus intereses. Tampoco la solución, a nuestro modesto entender, está en la confrontación antisistema, es difícil, por no decir imposible, tratar de competir con el sistema, utilizando sus mismas "armas", los mismos modos, los mismos medios, idénticas estrategias, e incluso hasta su mismo lenguaje; no vale la pena, es gana de malgastar tiempo, dinero, energías, y de paso ir dejando en el camino rencores, heridas, enemigos... Igualmente de negativo sería instalarse en el pesimismo, actuar desde él, conducir nuestras vidas desde una visión poco optimista de los demás, establecer relaciones a la defensiva, actuar desde el temor, sin arriesgarse... ¿Y ENTONCES QUÉ? Nosotros somos de los que pensamos, y no somos los únicos, que se impone la necesidad de crear una plataforma de consenso, aunque sea de mínimos. Una plataforma de progreso en la que confluya el mayor número de gente, esa gente que (sin grandes diferencias ni matices) coincide en el diagnóstico de la situación, así como en los objetivos. Una plataforma que agrupe a quienes creen que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, y que lo último es tan nimio que aún es posible establecer (o restablecer en algún caso) nuevas formas de relación-comunicación. Nuevas formas basadas en la CONFIANZA, en el BIEN-PENSAR respecto de los otros, en un PROFUNDO RESPETO por los otros, sus ideas y sus acciones. Se impone retomar la COMUNICACIÓN SIN TAPUJOS, con franqueza, sin prejuicios ni etiquetas, escuchando de forma receptiva, evitando sobrentendidos... En la dirección que apuntamos, estamos en la idea de que hay que procurar BAJARSE DE LOS PRINCIPIOS ( nada más lejos de nuestra intención que insinuar-pretender que se abandonen las "utopías" que todavía siguen siendo referentes válidos e imprescindibles...), DE LAS CONSIGNAS, DE LAS GRANDES FRASES, Y DESCENDER A LA REALIDAD, A LA REALIDAD DE LA GENTE CORRIENTE, conectar con sus aspiraciones y necesidades, y por supuesto procurar integrar todo ello en las acciones que se lleven a cabo. Proponemos la creación de una plataforma de consenso en la que se procure fundamentalmente SUMAR, sí, integrar al máximo de gente posible, procurando la máxima unanimidad, respetando escrupulosamente a las minorías y a los disidentes. Evitando, por todos los medios, tomar decisión alguna mediante procedimientos de mayorías, incluso aunque éstas sean especialmente mayoritarias. Hablamos de construir algo diferente a los partidos tradicionales, de corte clásico (que solamente persiguen como objetivo presentarse a las elecciones en los diversos ámbitos e instituciones...), hablamos de crear otro modelo, de inventar otras formas de actuación, otras estrategias. Estamos en la idea de que no son posibles los pasos de gigantes, de que no existen las fórmulas mágicas; pero también estamos convencidos de que es posible un mundo nuevo, una nueva forma de vida en la que las relaciones no sean competitivas ni violentas, una nueva sociedad en la que las relaciones no estén basadas en la "obligación y sanción". Si proclamamos que esto es posible, que hay que tener esperanza, ARRIESGUÉMONOS, seamos coherentes, seamos fieles a nuestras conciencias y comencemos por unirnos en ésta u otra idea semejante que haga posible el comenzar a humanizar el entorno más próximo. Dejemos de ser "pocos y mal avenidos", comencemos a ser eficaces, a dejar de desperdiciar esfuerzos y energías, dejar de desperdiciar tiempo y dinero... Y no hablamos de pedirle peras al olmo. |
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