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 CÓMO DEJAR DE FUMAR PETRÓLEO
David Hammerstein, eurodiputado
verde español
- Mayo 2005 -
'Ya no habrá más gasolina barata y
nuestra dependencia del petróleo caro amenaza seriamente
al futuro económico global. Según muchos analistas,
como Goldman Sachs o el mismo FMI, los precios del barril
pueden alcanzar pronto entre los 80-100 dólares con
consecuencias de una pérdida del 0.5% del PNB por cada
10% de subida (con más de 50% de alza en el último año).
No es una cuestión menor si con ello se avanza hacia lo
que puede causar un serio desorden económico en el rico
mundo del Norte y unos graves desordenes sociales en
muchos países del Sur.
El alza del petróleo no es sólo consecuencia de la
creciente demanda de las emergentes economías de India y
China, y de las tensiones políticas de Irak y Rusia. Por
la primera vez hay indicios de que el mercado económico
de la energía está anticipando en sus precios una
limitación y escasez futura en los suministros físicos.
Parece que ahora comienza a tomarse en serio la teoría
que muchos geólogos y economistas llaman el pico
del petróleo , y que parte de la idea de que en
una fecha próxima la demanda del petróleo superará la
producción, y entonces los precios se dispararán con
catastróficas consecuencias para la economía mundial.
Mientras las compañías petrolíferas afirman que esto
no sucederá hasta después del 2025, otros expertos como
Colin Campell, auguran un futuro cercano más pesimista,
al insistir en que estamos muy cerca de alcanzar el fatídico
pico. Tan cerca como el 2008.
Por fin parece que los ministros de finanzas y de economía
podrían estar tomando en serio la crisis del petróleo
en la que estamos. Los días 1 y 2 de mayo habrá una
Cumbre Ministerial de la Asociación Internacional de
Energía en Paris en la que se discutirá la seguridad
del suministro y la inestabilidad de los precios. Pero
las salidas de la crisis del oro negro no son nada fáciles.
Está emergiendo un nuevo consenso político europeo
sobre la necesidad de reducir radicalmente nuestra
dependencia civilizatoria del petróleo, algo que se
estima que cuesta más de unos 100 mil millones al año
en términos monetarios, pero existen grandes
divergencias políticas sobre la forma de hacerlo.
Teniendo en cuenta que el petróleo se consume
mayoritariamente (un 80%) en el sector del transporte, y
el resto se consume para calefacción, y sólo el 3% se
gasta en la producción de electricidad, las posibles
soluciones son muy limitadas.
La opción nuclear como salida debe estar descartada por
marginal porque además de sus altísimos riesgos y
peligros ecológicos, una mayor producción atómica no
podrá aliviar nuestra gran dependencia del petróleo
para las necesidades del transporte. Las nucleares
producen principalmente electricidad, lo que no puede
satisfacer las demandas de petróleo que tiene el sector
del transporte, constreñido como está por los vehículos
construidos en base a motores de combustión. Incluso los
más optimistas y partidarios de cambiar hacia fuentes de
hidrógeno para los vehículos, y hacia fuentes nucleares
u otras fuentes, admiten que hasta más allá del 2020 no
es esperable el poder cubrir ni siquiera el 1% del
mercado de demandas energéticas. Y la opción nuclear se
complica aún más si además de considerar el
irresoluble problema de los residuos radioactivos, se
tienen en cuenta los terribles peligros del terrorismo
global junto a la proliferación y descontrol existente
sobre las armas atómicas en un mundo lleno de conflictos
y desgobierno.
Las posibles soluciones a la crisis son múltiples y se
encuentran en aumentar radicalmente el ahorro y la
eficiencia en los sectores del transporte y vivienda, y a
la vez acelerar el desarrollo de las fuentes energéticas
renovables junto a una fiscalidad que grave el dañino
consumo petrolífero.
Implicará también la puesta en marcha de una ambiciosa
Directiva Europea sobre el consumo petrolífero máximo
de los coches, lo que ayudaría a reducir el consumo
medio por debajo de emisiones de 120g por Km en el 2012,
y de menos de 60g en el 2020 mediante otros mecanismos
flexibles como puede ser a modo de ejemplo la legislación
en California: que premia a los fabricantes cuyos coches
son más limpios y penaliza a los que venden los todo
terrenos superconsumidores. En otras palabras apostar por
todos los medios posibles por unos coches más ligeros, y
más seguros, y energéticamente híbridos.
El poder afrontar con eficacia esta doble crisis económica
y física que se nos echa encima, y generada por factores
de escasez en los suministros del petróleo y por la
explosión del consumo mundial, nos obligará a repensar
la forma de urbanizar, nuestros estilos de vida y el
sobre-consumo practicado por nuestras ciudades y regiones.
Será preciso una radical reorientación y reequilibrio
de las inversiones en el transporte hacia sistemas de
transporte pen detrimento de los modos dominantes basados
en las fuentes energéticas del petróleo y úblico el
transporte mediante coches, camiones y aviones. Muchas
medidas de gestión pública son posibles para impulsar
esta urgente transición. Deberían generalizarse las
experiencias exitosas de peajes urbanos al movimiento
motorizado en los cascos urbanos junto a otras tasas
sobre el transporte de mercancías por carretera, y con
ello incentivar otras formas alternativas como son el
transporte público y el ferrocarril.
El sector de la construcción es también un importante
consumidor de petróleo, y tiene por delante un gran
potencial para aumentar su eficiencia en el ahorro y
gasto de materiales. Ha de afrontar estos imperativos con
cambios a favor de una economía que oferte viviendas
ecológicas, el reciclado, la reparación y el ahorro de
materiales, el fomento de energías renovables, y una
masiva reorientación de inversiones hacía la
rehabilitación de viviendas. Esto exigirá un
cumplimiento estricto y con suficiente apoyo financiero
de la nueva Directiva Europea sobre la eficiencia energética
de edificios, y que entra en vigencia en el 2006.
Finalmente, habrá que dar un gran empuje a las energías
renovables. Según la Comisión Europea, el coste de una
política fuerte a favor de las renovables y para
alcanzar el 30% de la electricidad consumida, solo sería
el 0.7% del PNB europeo, lo que estaría bastante por
debajo de los efectos negativos del alza de los precios
de petróleo. Y esto sin considerar los grandes
beneficios ambientales que supondría en la lucha contra
el cambio climático y la contaminación del aire.
Los desafíos de la crisis del petróleo necesitan unas
respuestas variadas también desde la investigación
tecnológica y desde una política exterior que estreche
la coordinación con países como China, India y Brasil.
El reconocimiento urgente de los últimos pero largos
coletazos de la era del petróleo necesitará buenas
dosis de reflexividad y de valentía política para
afrontar la transición hacia otras formas sustentables
de consumo energético. '
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